En distintas industrias con distintos grados de madurez, el foco de la innovación puede desplazarse de los productos y servicios a los procesos y de éstos a los modelos de negocios.
Un nuevo terreno en el que se ha incursionado muy poco es el de la innovación en las prácticas de gestión y liderazgo. Cómo dice Gary Hamel en su libro “El futuro de la administración”, en el terreno en donde menos innovaciones han propiciado los gerentes de las empresas es en el de las prácticas con las que gestionan sus organizaciones. Este autor define de esta manera el desafío que enfrenta la administración como disciplina:
“La administración moderna ha dado mucho pero también ha quitado mucho, y continúa haciéndolo. Quizás haya llegado el momento de renegociar el trato. Debemos aprender a coordinar los esfuerzos de miles de individuos sin crear una jerarquía opresiva de supervisores: a mantener los costos bajo control estrecho sin estrangular la imaginación humana; y a construir organizaciones donde la disciplina y la libertad no sean mutuamente excluyentes. En este nuevo siglo debemos aspirar a dejar atrás los sacrificios aparentemente inevitables que se han convertido en la herencia indeseada de la administración moderna.”
Estas innovaciones no se relacionan con las herramientas que utilicen los gerentes sino más bien con formas novedosas de gestionar y de movilizar acción colectiva, colaborativa y efectiva.
¿Pueden distinguir una innovación en prácticas de gestión?



