Abordar un texto, según Juan Carlos Lucas

Pistas metodológicas

Todo texto plantea una cuestión central que es necesario resolver: Cómo abordar su lectura. ¿Podría existir una metodología para hacerlo? ¿Si así fuera, tendría sentido práctico su aplicación? ¿Qué espera cada lector obtener de la experiencia de lectura? Algunas pistas metodológicas pueden extraerse de las reflexiones que siguen.

En este artículo se cruzan tres conversaciones en las que vengo navengando. Por un lado, es una respuesta a mi amigo Daniel, que me preguntó si tenía ganas de compartir algunas pistas metodológicas relacionadas con las formas que tenía de abordar la lectura de textos, como colaboración para Aprender & cambiar.

Por otro lado, se relaciona con un post de mi blog, vinculado justamente con un libro que estoy leyendo: “El amor la soledad”. Un librito escrito en formato de entrevistas por el filósofo André Comte-Sponville.

Por último, se relaciona con una reflexión de Andrés, autor de un interesante blog y un interesante libro, en respuesta al post mencionado, que entre otras cosas decía: “filosofar es la más alta actividad que podemos realizar los seres humanos ya que es la forma que tenemos de honrar la vida desde nuestro principal atributo que es la conciencia y el pensamiento. Si la vida tiene algún sentido, lo encontraremos en ese potencial que todos tenemos de poner en cuestión la realidad que nos circunda y a la vez nos incluye, condición esencial de nuestra la evolución.”  Pensé, al leer el comentario, en que simultaneamente coincido y discrepo con él.

Veo mucha relación entre estas tres conversaciones. Me explico y acudo para esto al libro que estoy leyendo:

  • Por un lado, coincido con Andrés en que filosofar es un acto importante, las preguntas propias del acto de filosofar pueden abrirnos a nuevas posibilidades, pueden cambiar nuestra vida, pueden salvarnos. En palabras del autor mencionado: “filosofar es pensar la vida y vivir el pensamiento.”
  • Por otro lado discrepo, hay algo más importante que el pensamiento y las ideas, que sí es la más alta actividad. Se trata del irreemplazable acto de vivir, y la sabiduría expresada en el saber vivir.  Los libros son uno de los medios principales para la expresión del pensamiento, entonces podríamos decir que hay algo más importante que los libros, esto es: la praxis del vivir. Siguiendo a Comte-Sponville: “¿Quieres que te diga la verdad? La filosofía no tiene ninguna importancia. Las novelas no tienen ninguna importancia. Sólo cuenta la amistad; sólo cuenta el amor. Digamos más bien: sólo cuentan el amor y la soledad. O mejor: sólo cuenta la vida. Los libros forman parte de ella, sí, y eso es lo que los salva.”

Conclusión, los libros sólo son importantes si nos ayudan a vivir mejor, “sólo valen por la vida que contienen” diría Comte.

Por eso, mis reflexiones respecto de “cómo entrarle a un texto” tienen que ver con la forma en que podemos sacar más vida de un texto, de que manera podemos explotar al máximo las posibilidades de acción que nos puede abrir.

James Flaherty en su libro “Coaching: Evoking excelence in others” plantea que muchas veces acudimos a la lectura de un libro buscando superar restricciones que enfrentamos. Esto lo podemos conseguir a partir de ganar conciencia, experiencia e información.  Sin embargo, suele suceder que al acudir a la lectura descubrimos nuevas restricciones que nos llevan a buscar más conciencia, experiencias o información antes de poder intentar superar dichas restricciones. Entramos en un ciclo generalmente vicioso que nos lleva a la inmovilidad, en algunos casos, una muy erudita.

Si el objetivo de leer no tiene que ver simplemente con exponer explicaciones, sino con inspirar nuevas formas de tomar acción, propongo elegir este foco pragmático al leer un libro. Una forma de sintonizar la lectura que sugiero tener en mente se puede expresar en la formulación de las siguientes preguntas, mientras se avanza en la lectura:

  • ¿Cuáles son mis intereses al abordar la lectura? ¿Qué quiebres quiero superar? ¿Qué oportunidades quiero aprovechar? ¿Qué posibilidades quiero explorar?
  • ¿Me veo más restringido en mis posibilidades al leer el texto?
  • ¿Qué distinciones se presentan en él?
  • Las distinciones presentadas, ¿Me dan más razones para pensar por qué algo no puede pasar, o me estoy sintiendo más libre para tomar acción?
  • ¿Qué posibilidades de acción se me abren a partir del texto?
  • Cuando se vea limitado/confuso/en desacuerdo, puede preguntarse: ¿A qué forma de mirar la cuestión me estoy apegando o intento defender? ¿Qué pasaría si comienzo a observar con este nuevo punto de vista?

Leyendo el presente artículo entonces, ¿se están sintiendo más o menos libres para tomar acción? Esta es la pregunta que a mí más me interesa y ya se imaginarán que respuesta me dejaría más satisfecho.

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Comments

  1. says

    Juan Carlos,
    Ante todo gracias por citarme. Me siento verdaderamente honrado. Obviamente en un comentario realizado con cierta levedad y premura no es posible expresar todo lo que uno quisiera y es por eso que a través de este lindo diálogo se abren más y nuevas posibilidades para debatir. Tenés toda la razón de que el acto de vivir es irremplazable y fuente de LA sabiduría, aunque creo que para nada está disociado del poner en cuestión, del filosofar, en tanto lo pensemos esto como filosofía práctica, muy a la Lou Marinoff. Es desde ese lugar donde surge el potencial de acto consciente, de la vida como un fluir intencional.

    Como físico, me gusta utilizar la analogía entropía/energía. Creo yo, que hay dos modalidades básicas en los actos del vivir. Podemos dejarnos llevar por las circunstancias, entregarnos al impulso de la negatividad y el automatismo y vivir por cuenta de las emociones ajenas. Ese es el vivir que yo llamo entrópico, ya que es decadente, no produce ninguna felicidad, es desgastante y, en ese dejarse ir, contribuye al contagio emocional de lo contaminado y degradante. Egoismo, guerras, agresión, codicia son sus consecuencia (no sus causas). A diario uno se ve envuelto en ese vivir entrópico que, por estar carente de intencionalidad, es poroso a todo lo vicioso y aplastante. Fundamentalmente, es la fuente de toda insatisfacción e infelicidad.

    Por otro lado, está el vivir como acto energético, como quien emprende su propia vida, como acto creador de vitalidad cuya sola condición para gestarse es la intencionalidad, el estar allí. Desde ese lugar es donde surge la importancia del filosofar o, si querés, del acto conciente de poner en cuestión la realidad, lo que en definitiva nos lleva a ponernos en cuestión a nosotros mismos. OjO no hablo de un filosofar discursivo cargado de pensamientos asociativos desbordantes de racionalidad. Ya sabemos que la razón no integra sino divide. Me refiero a vivir pegando ese necesario salto cuántico que implica estar en cada acto allí presente, alerta e intacto. No es casualidad de que en el Zen una de las vías para la “iluminación” sea el koan, ese problema casi absurdo que el maestro le plantea al discipulo con el fin de que este filosofe al punto de trascender el sentido literal de las mismas palabras. Para mi, ese es el verdadero filosofar…

    un abrazo,
    Andres

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