“Toda nuestra felicidad y toda nuestra miseria dependen de una sola cosa: del objeto al que amamos.”

-Spinoza

Leyendo a Comte-Sponeville le dí muchas vueltas al tema del amor. Últimamente estoy leyendo su libro “Invitación a la Filosofía” en el que hay un breve capítulo acerca del tema.

Esta y otras lecturas me llevaron a rumiar distinciones sobre las formas del amor:

  • Eros: la primera forma de amor, la que a todos nos obsesiona. Hay una forma de amor que se basa en lo que nos falta, lo que queremos, lo que deseamos, lo que supuestamente nos completaría. La posesión como forma de consumación del amor, la pasión amorosa. ¿Cómo no amar lo que nos falta?
  • En casa de MarceloPhilia: pero no todo amor se basa en la falta. Hay un otro amor que celebra lo que existe, que se regocija de lo que simplemente se da, está, se consuma, se hace presente. La simple existencia de ese objeto de amor nos hace felices, más allá de poseerlo. Este es el amor que llevó a Aristóteles a decir: “Amar es alegrarse”.
  • Agapè: también hay un amor que es más holístico, un amor a la vida y a todos los seres. Una inclinación básica hacia el acojer y el dar. Amar a todo lo viviente, dar a todos los seres. El espíritu de bodhisattva, entendido como el compromiso incondicional con el bienestar de todos los demás seres, la compasión infinita.

Comte piensa en una declaración de amor tridimensional que podría ser así:

Éros, Philia y Agapè: el amor que toma, que sólo sabe gozar o sufrir, poseer o perder; el amor que se alegra y comparte, que quiere el bien de quien nos lo hace; el amor, finalmente, que acepta y protege, que da y se da, que ni siquiera necesita ser amado…
Te amo de todas estas formas: te tomo ávidamente, comparto gozosamente tu vida, tu cama, tu amor, y me abandono dulcemente…

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