“En vista del vacio político internacional, la globalización y el rápido desarrollo de la ciencia y la tecnología, las organizaciones y sus líderes deberán comprometerse en un diálogo y debate en torno a los principios éticos como la forma más efectiva para alinear y desarrollar el pensamiento económico para tener en cuenta unas responsabilidades corporativas mas amplias.” Mark Drewell, GRLI Chair, South África.

Sigo con el manifiesto de la Iniciativa para el Liderazgo Globalmente Responsble (GRLI). Ahora compartiendo un pasaje acerca de la necesidad de una visión holística y de largo plazo para el desarrollo económico:

El sistema como un todo:

La economía de mercado competitiva tiene muchas ventajas: creatividad, productividad, potencial de crecimiento, y flexibilidad.  El emprendedorismo y la innovación están en el corazón de este sistema.  En una economía de mercado, la firma es el agente económico y técnico de evolución.  Por mucho tiempo se ha presumido que las acciones de la firma automáticamente servirán al bien común, gracias a las virtudes del mercado y de su famosa “mano invisible”.  Actualmente esta unión se torna cada vez menos clara.  La globalización, el crecimiento de las tecnologías de información, y la falta de regulación en el mundo entero confieren a las firmas un poder –y una libertad- para actuar sin precedentes.  Algunas firmas ejercen usualmente este poder de acuerdo a sus propios criterios: rentabilidad, competitividad, y valor para el accionista, de una manera incremental con una base de corto plazo, la cual es presionada por las exigencias de los analistas financieros en reportes trimestrales.  Esta lógica se ha convertido en la dominante.  Esto nos ha impuesto un modelo de desarrollo cuyo único propósito es su propia efectividad y dinamismo.

Conducido solamente por una lógica instrumental, el modelo se torna cada vez más ambiguo y paradójico.  Al mismo tiempo que produce más bienestar que nunca y asegura un crecimiento sin precedentes, se contamina, excluye, y muchas veces promueve la opresión y la injusticia social.  Promueve una desesperada carrera  que ya no tiene más un propósito visible, o razón de ser, más allá del valor para el accionista a cualquier costo social.  Esta medida, siendo cortoplacista, no refleja más el verdadero valor de la firma en términos de su contribución con la sociedad.  Al convertirse en global, nuestro modelo del desarrollo ha revelado sus limitaciones y contradicciones.  Su extraordinaria capacidad para crear bienestar, su dinamismo internacional, y su emprendedorismo están produciendo indeseables efectos colaterales sistémicos que preocupan a muchos y que causan reacción en otros.

Debido a que las recientes experiencias han mostrado que el modelo actual no conduce a un equilibrio que provea un bien común global, la iniciativa de liderazgo responsable global (GRLI) argumenta que existe una necesidad urgente de concebir e implementar un modelo de desarrollo social más sostenible.

Esta es la base de nuestro llamado para la acción.

Comienza a emerger una conciencia que va más allá del cuidad del ambiente y se hacer cargo de una sociedad y una economía que sea sostenible en cuanto a la calidad de vida y la justicia social. Como veremos en futuros posts la educación y su trasnformación juega un rol central en este desafío.  ¿Ustedes que opinan?