Siguiendo la serie sobre el libro de Bauman, “Identidad”, quiero compartir una reflexión del autor en torno a la idea de “amor como destino compartido”. Nuestras formas de construir identidad implican también formas particulares de entender y  construir nuestros vinculos.

Veamos lo que plantea el autor:

Amar significa estar decidido a compartir y a mezclar dos biografías, cada una con su  diferente carga de experiencias y recuerdos y su propia singladura. Por las misma razón, significa un acuerdo de cara al futuro y, por tanto, cara a ese “gran desconcido”. En otras palabras, como observó Lucano hace dos milenios y repitió Francis Bacon muchos siglos despues, significa entregar rehenes al destino. También significa hacerse dependiente de otra persona dotada con una libertad parecida para elegir y con voluntad para mantener dicha elección, y, por tanto, de otra persona llena de sorpresas, imprevisible.

Mi deseo de amar y ser amado solo puede culminarse si una auténtica disposición a que sea en las “duras y en las maduras” lo respalda, a comprometer mi propia libertad si fuera necesario, de modo que la libertad de la persona amada no sea violentada.