Este es un blog personal, aunque orientado a mis intereses profesionales. Pero resulta que mi profesión de “entrenador de adultos”, de “movilizador de sueños”, “develador de mundos” o “facilitador de acciones”, o como quieran llamarlo; hace que ciertos territorios no muy habituales  en un blog “profesional” se vuelvan relevantes, diría centrales. Este es el caso de la reflexión sobre la vida y la muerte.

Hace un tiempo que estoy explorando el asunto en forma más sistemática, como les conté en su momento. Cuando les conté sobre mis exploraciones le recordaba esta idea de mi infancia:

Cuando era chico, en la escuela solíamos usar un “cuaderno de clase” y un “cuaderno borrador”. Muchas veces hacíamos tareas en el cuaderno borrador para después pasar las al cuaderno de clase, una vez que estabamos seguros de que estaban lo suficientemente bien para ocupar ese lugar. Siempre me pareció una metáfora ilustrativa de cómo solemos vivir la vida cuando negamos la muerte, siempre hay tiempo para pasar la tarea al cuaderno de clase, siempre hay tiempo para hacerla mejor, simpre hay tiempo para subsanar lo que quede pendiente.

Hoy me asaltaba esta conciencia sobre la imposibilidad de vivir la vida en borrador, pero no porque haya que planificarla para no equivocarse, sino porque es básicamente implanificable y, creo yo, debemos vivirla con presencia y aceptación. Todo lo que nos pasa en la vida queda en el cuaderno de clase. Será por eso que la muerte es tan buena consejera, porque nos ayuda a despertar la conciencia del carácter único de cada momento que vivimos.

Hoy, se me agolpan las lecturas de Rayuela, de Cortazar, y de otro libro que también estoy leyendo y del que ya les hablaré; y que me disparan, de distintas maneras, estos pensamientos acerca del motor vital que implica ser conciente de la propia muerte, de la propia impermanencia.  Será que estoy cerca de los fifty.  ;-)

Y me hace mucho sentido esto en relación a una vida emprendedora, la urgencia no esta en la ejecución de planes, tanto como en la conciencia de vivir plenamente desde nuestros sueños, desde nuestra visión. Sin dobleces, sin cabos sueltos, sin rojos en la cuenta existencial. Aunque no siempre lo logremos, y eso también es parte del asunto.

Pero… ¿Ustedes cómo lo ven?