Finalmente está llegando el día, mañana comienzo el trabajo en un grupo de reflexión denominado “Un año para vivir”, coordinado por Hugo Dopaso, del que ya les adelantará algo. La consigna es muy simple: un grupo de personas se compromete con vivir un año como si fuera el último que nos toca vivir.

Cuando era chico, en la escuela solíamos usar un “cuaderno de clase” y un “cuaderno borrador”. Muchas veces hacíamos tareas en el cuaderno borrador para después pasar las al cuaderno de clase, una vez que estabamos seguros de que estaban lo suficientemente bien para ocupar ese lugar. Siempre me pareció una metáfora ilustrativa de cómo solemos vivir la vida cuando negamos la muerte, siempre hay tiempo para pasar la tarea al cuaderno de clase, siempre hay tiempo para hacerla mejor, simpre hay tiempo para subsanar lo que quede pendiente.

Unos días atrás, al comentar a alguien que iba a desarrollar esta experiencia, me contestó: “ahh…, yo estoy en una situación opuesta: muchos proyectos, cosas para hacer, etc.” La respuesta, que en principio me sonó desconcertante, luego me llevó a pensar una algunas cosas:

  • Esta reflexión sobre la muerte cobra una intensidad mayor al promediar la vida, cuando comenzamos a intuir que no somos inmortales.
  • Muchas personas no pueden conectarse naturalmente con la idea de la propia muerte, es realmente un tabú. En algunos casos la sola mención del tema genera un clima de angustia.
  • Menos aún, es común visualizar la reflexión sobre la propia muerte como un camino para vivir una vida más plena Una vuida escrita directamente en el “cuaderno de clase”, aceptando que es imposible vivir la vida en borrador, aunque muchas veces nos empeñemos.

Mañana empieza un viaje, seguramente uno de aprendizaje y transformación!! ¿Les interesaría que los tenga al tanto?