Para empezar a privar a la muerte de su principal ventaja sobre nostros, adoptemos la actitud opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbremonos a ella. No tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte […] No sabemos donde nos espera la muerte: así pues esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo.

Montaigne

Un trabajo que voy a realizar este año y que me tiene entusiasmado tiene relación con la reflexión acerca de la muerte. En este blog casi nunca escribí sobre espiritualidad, pero con este post introduzco el tema y la categoría correspondiente.

Este trabajo lo voy a hacer participando de un grupo de reflexión denominado “Un año para vivir”, coordinado por Hugo Dopaso, un terapeuta que hace décadas se dedica a acompañar a personas que enfrentan en momento de la muerte. La consigna es muy simple: un grupo de personas se compromete con vivir un año como si fuera el último que nos toca vivir.

Como lo expresa la frase que inicia este post, creo que la conciencia de la propia muerte, y de la finitud en general, nos ayuda a vivir con mas plenitud y sabiduría. Para lograr esa conciencia de la muerte debemos revisar las interpretaciones y narrativas acerca de la muerte que son dominantes en nuestra cultura. Generalmente asociamos la muerte con: tabú, miedo, dolor, llanto, angustia, soledad, enemigo y derrota. Estas asociaciones no nos ayudan a conectarnos con la muerte con serenidad y aceptación, experimentándola como como parte de nuestra vida.

Durante el año que acaba de comenzar estaré escribiendo sobre este tema: ¿Les interesa esta conversación?

Otros artículos