Hoy fue mi último día en el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) despues de 23 años de trabajo y el sabor fue agridulce. En el instituto hice toda mi carrera en ciencia y tecnología (CyT) y desde hace ya casi 10 años me aparté paulatinamente de la investigación en materiales para dedicarme a la gestión en el ámbito de CyT primero, y a la consultoría y el entrenamiento gerencial y de emprendedores despues. En muchos casos mis nuevas actividades se relacionaron con el ámbito del emprendimiento de base tecnológica.
Digo que me fuí con un sabor agridulce, con emociones contrapuestas, porque por un lado ésta decisión responde a un cambio de dirección vocacional, a un proyecto futuro que me entusiasma, relacionado con nuevos intereses y preocupaciones que desplegué en los últimos diez años y con una insatisfacción con mi vida como tecnólogo.
Pero por otro lado, me fuí triste por ver que, despues de mis 23 años en el Instituto, estamos en la misma conversación que entonces. Preguntandonos que tenemos que hacer, presos de dicotomías obsoletas como:
  • servicios vs. I&D,
  • servicio público vs. negocios,
  • acercamiento a la industria vs. acercamiento a la academia,
  • etc, etc.

Todos estos años estuvimos sumergidos en esta maldición del pensamiento polar sobre la que ya conversaramos en este blog. Esta conversación estancada e improductiva hace que despues de tanto tiempo sigamos sin tener un política de desarrollo científico tecnológico para nuestro país. Nuestra conversación atrasa 30 años respecto de la del resto del mundo.
Esto ha contribuido a que nos pasen algunas cosas como:
  • perder grandes oportunidades de posicionarnos como oferta relevante en el mundo,
  • no ocupar nichos tecnológicos que estaban a nuestro alcance,
  • descuidar la producción de CyT,
  • descuidar la educación,
  • descuidar nuestros vínculos con el mundo de la creación de conocimiento, entre otras.
Pero para seguir con contrastes, en este escenario desenfocado y estéril hay científicos y tecnólogos haciendo grandes trabajos, que me recuerdan esas flores que aparecen en cornizas de viejos edificios secos y calientes. En los últimos días el grupo de trabajo de mis viejos compañeros del área de materiales del Centro de Plásticos de INTI con Patricia Eisenberg a la cabeza, recibió un premio por sus esfuerzos y proyectos ligados al desarrollo de materiales biodegradables. Esto nos muestra que el compromiso y el talento son patrimonios que todavía tenemos en el país.
En este contexto me preguntaba:
  • ¿Cómo podríamos capitalizar las nuevas posibilidades que se abren con los nuevos medios digitales para abrir la conversación que nos debemos en torno al futuro de la creación de conocimiento y la innovación en la Argentina?
  • ¿Por qué no crear una blogósfera cientifico-tecológica para fortalecer esta comunidad y vincularla más estrechamente con el mundo?
Uds. lectores en general y tecnólogos en particular, ¿qué opinan?

Otros artículos