Con este post estoy inaugurando una nueva categoría en mi blog que estará dedicada a pensadores, filosofía, humanidades, etc. y su relación con el futuro y la acción. La categoría se llama pensamiento abierto homenajeando a mi amigo Rafael Castellano y a su blog que se llama justamente Pensamiento Abierto.
Este primer post quería dedicarlo a una reflexión de Maurice Merleau-Ponty en torno a la necesidad de enfrentar la ambiguedad como parte ineludible de nuestra condición. Este autor se dedicó a reflexionar en torno al fenómeno de la percepción. Acabo de leer un pequeño libro titulado “El mundo de la percepción: siete conferencias” basado en conferencias radiales del autor emitidas en el año 1948.
Quiero compartir un pasaje en el que el autor plantea como los seres humanos (al menos los modernos) enfrentamos la ambigüedad de la vida, con un ejemplo del ámbito de la política:
“Si abandonaramos la región del conocimiento para considerar la de la vida y la acción, encontraríamos a los hombres modernos en lucha con ambigüedades todavía mas impactantes. No existe ya una palabra de nuestro vocabulario político que no haya servido para designar las realidades mas distintas e incluso mas opuestas. Libertad, socialismo, democracia, reconstruccíon, renacimiento, libertad sindical, cada una de estas palabras ha sido por lo menos una vez reinvindicada por uno cualquiera de los grandes partidos existentes. Y esto no por la astucia de sus dirigentes: la astucia está en las mismas cosas; en un sentido es cierto que en América no hay ninguna simpatía por el socialismo, y que, si el socialismo es o implica un cambio radical de las relaciones de propiedad, no posee ninguna posibilidad de instaurarse a la sombra de América, y, por el contrario, en ciertas condiciones puede encontrar un apoyo por el lado soviético. Pero también es cierto que el régimen económico y social de la URSS, con su diferenciación social acusada, su mano de obra típica de un campo de concentración, no es ni podría volverse por sí lo que siempre se llamó un régimen socialista. Y por último, es cierto que un socialismo que no buscara apoyo fuera de las fronteras de Francia sería a la vez imposible y por eso mismo destituido de su significación humana. Realmente no encontramos en lo que Hegel llamaba una situación diplomática, es decir, una situación donde las palabras significan dos cosas (por lo menos) y donde las cosas no se dejan nombrar con una sola palabra.
Pero percisamente si la ambigüedad y la inconclusión están escrítas en la textura misma de nuestra vida colectiva, y no solamente en las obras de los intelectuales, sería irrisorio querer responderle con una restauración de la razón, en el sentido en que se habla de restauración a propósito del régimen de 1815. Podemos y debemos analizar las ambiguedades de nuestro tiempo y, a través de ellas, tratar de trazar un camino que pueda ser seguido con conciencia y verdad. Pero demasiado sabemos de él para lisa y llanamente retomar el racionalismo de nuestros padres. Por ejemplo sabemos que no hay que creerles al pie de la letra a los regímenes liberales, que pueden tener la igualdad y la fraternidad por divisa sin trasladarla a su conducta, y que a veces ideologías nobles se transforman en coartadas. Por otra parte, sabemos que, para realizar la igualdad, no basta con transferir al Estado la propiedad de los instrumentos de producción. Ni nuestro examen del socialismo, ni nuestro examen del liberalismo, por lo tanto, pueden carecer de reservas ni restricciones, y permaneceremos en ese equilibrio inestable mientras el curso de las cosas y la conciencia de los hombres no haya posibilitado la superación de esos sistemas ambiguos. Cortar por lo sano, optar por uno de ellos, bajo pretexto de que la razón, en todo caso, puede ver claro en esto, es mostrar que uno se preocupa menos por la razón operatoria y activa que por un fantasma de razón que oculta sus confusiones bajo un aire perentorio. Amar la razón como lo hace Julien Benda, querer lo eterno cuando el saber siempre descubre mejor la realidad del tiempo, querer el concepto mas claro cuando la misma cosa es ambigua, es la forma mas incidiosa de romanticismo, es preferir la palabra razón al ejercicio de la razón. Restaurar nunca es restablecer, es ocultar.“
La verdad que este pasaje me impactó. Me recordó que siempre me ha sorperndido como en nuestra cultura podemos tener especialistas en un dominio que son reconocidos por su erudición y su capacidad de “hablar sobre”, pero que en sus actos no aparece encarnada esa idea que pregonan. Expertos en amor que viven en el odio. Expertos en aceptación que viven resentidos. Somo herederos de ese sentido común. Lo que importa es nuestra teoría aunque la contradicción con nuestra práctica cotidiana sea flagrante!
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6 Comentarios
Me gusta mucho el pasaje.
La idea de convivir con la ambiguedad de un modo efectivo y generativo, es- me parece- uno de nuestros grandes desafíos de cara al futuro.
La idea de maquillar con “razones” nuestras agachadas intelectuales y morales, es un cáncer dificil de tratar. Pero bien vale la pena el esfuerzo.
Gracias por el nombre que le pusiste a esta nueva categoría.
Un abrazo
Rafael
Gracias a vos Rafael por permitirme cultivar estas conversaciones.
Hola, interesante blog, sobre todo esta entrada.
Estoy estoy inaugurando mi espacio,
sería muy agradable contar con una visita tuya
saludos y… hasta pronto
Gracias Baptisma, lo mismo digo respecto del tuyo. Slds
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