Leía en el blog de Fernando Flores que fue distinguido con un premio por su aporte en la inserción de Chile en la era de la información y la innovación, y la cita a la cobertura del evento por el diaro El Mercurio. El artículo en cuestión comenta el discurso de Flores en esa ocación, donde éste comenta que está angustiado por Chile y dice que: “…la angustia es positiva, que lo peor es quedarse, la complacencia, la maldición de los recursos naturales.”

Esta frase me quedó resonando violentamente en la cabeza: la maldición de los recursos naturales, y recordé un post reciente en este blog, donde citaba un artículo de Pagina 12 acerca de los blog de economistas argentinos y el debate sobre la economía latinoamericana. Uno de los debates tomados de la blogósfera giraba en torno precisamente a este tema:

“Uno de ellos [los debates] refiere a la fortuna de Kirchner, que la mayoría de los economistas mediáticos no dejan de comentar cuando tratan de justificar sus errores de pronósticos. En laciencia… aporta un dato que esos mismos economistas ignoran cuando se deshacen de elogios para Chile. “El índice de la suerte de Chile debe estar que explota”, introduce, para sentenciar que “el boom de la soja no existe al lado del que vive el cobre”. Un aspecto que olvida de mencionar ese blog es que el cobre está en manos del Estado y, por lo tanto, la totalidad de esa extraordinaria renta queda en manos públicas, diferencia notable con lo que sucede aquí con la del petrolero. Explica que “desde el valle de los commodities en el ’99, la soja subió 20 por ciento; el cobre se cuadruplicó. Desde que (Michelle) Bachelet dejó su puesto de ministra de Defensa para ser candidata por la Concertación, en octubre de 2004, el cobre se du-pli-có. En los últimos tres meses, desde que ganó el ballottage subió 25 por ciento”. Uno de los argumentos preferidos de los amantes del modelo chileno es que ellos pudieron elaborar una historia de éxito en la diversificación exportadora, en la elaboración de los recursos naturales, etcétera. Laciencia… apunta que “la bonanza del cobre está complicando las exportaciones de frutas y salmones”, para terminar irónicamente con “al final seguimos en el siglo diecinueve”.

Al recordar este pasaje entendí mejor la angustia de Flores por la complacencia. En su discurso alertaba: necesitamos banda ancha para todos… innovaciones disruptivas… intentar un salto… para no llegar tarde como siempre.

Ahora me pregunto por Argentina:

¿Qué estamos haciendo para no caer en la maldición de los recursos naturales (cambiemos cobre por soja) una y otra vez?

¿Qué estamos haciendo para apropiarnos de las nuevas posibilidades tecnológicas que emergen?

¿Qué estamos haciendo para no llegar tarde como siempre?

Quizás un poco de angustia sea positiva.